Seleccionar página

Durante mucho tiempo rondó por mi cabeza abordar el tema del fracaso escolar desde un prisma diferente al que estamos acostumbrados. Normalizada la criminalización de los estudiantes que abandonan sus estudios antes siquiera de finalizar la enseñanza obligatoria, me sentía con la obligación de plasmar cuál es la realidad con la que muchos jóvenes tienen que convivir a diario. Realidades hostiles que quedan completamente relegadas ante un sistema ciego que solo atiende a sus propias necesidades.

Jose tiene 21 años, es alegre, deportista, amante de los animales, del cine y de los videojuegos. Abandonó la ESO a los 15 años y durante todo este tiempo ha estado inmerso en la precariedad laboral del mundo de la hostelería. A pesar de haber vivido una situación desfavorable, hoy está dispuesto a comerse el mundo.  He tenido la suerte de poder acompañarlo durante años de lucha, en sus caídas, en sus apretones de dientes… Pero es complicado combatir una batalla contra uno mismo y él, muchas veces fue y es uno de sus mayores obstáculos.

A los siete años fue diagnosticado de superdotación intelectual, lo que ahora se considera un alumno de altas capacidades intelectuales, que manifestaba algunos problemas de conducta en un entorno educativo que no supo cómo gestionar las dificultades de un niño que se moría de ganas de aprender. Esta es una situación concreta, como la de miles de adolescentes que durante estos años han dejado sus estudios antes de terminar la última etapa obligatoria en Andalucía. Cada cual con su historia y todas merecedoras de ser escuchadas y de oportunidades que quizás la vida en otro momento no supo darles.

-Buenas tardes, Jose. Te dejé elegir el lugar donde íbamos a hacer la entrevista. ¿Puedes decirme dónde estamos y qué significa para ti?

Estamos en la plaza del Pocito, sentados frente al Instituto de la Fuensanta donde se torció mi vida estudiantil.

-¿A qué te dedicas actualmente y cómo has llegado hasta aquí?

Me dedico laboralmente a lo que me va saliendo: trabajos de contratación temporal porque con la situación en la que estamos en España ahora mismo nadie hace contratos indefinidos o a muy poca gente y tampoco es que haya mucho trabajo. También me estoy preparando las pruebas físicas para obtener la placa de seguridad privada y posteriormente prepararme unas oposiciones, me gustaría ser funcionario de la seguridad privada.

-Tu infancia no fue nada fácil, ¿crees que eso ha influido en tu desarrollo educativo?

Claro que sí. Mi entorno no es de clase alta, tampoco excesivamente baja, podríamos decir que de clase media, pero nunca ha favorecido el estudio, ni he tenido una figura directa que sirviese de inspiración para crecer y desarrollarme educativamente. Tanto el entorno familiar, como el entorno social influyen muchísimo a nivel económico y a nivel sociocultural en tu desarrollo educativo.

En mí, concretamente, influyó en la falta de motivación y recursos para poder haber estudiado o tener la motivación para estudiar algo. Si yo ya me veía limitado económicamente, y a eso le sumamos que el sistema no me ofrecía la motivación suficiente como para querer aprender cosas, era imposible que me gustase el colegio. No me enseñaban a aprender, ni a interesarme por cosas; me enseñaban a memorizar un párrafo para aprobar el examen.

Mi entorno no es de clase alta, tampoco excesivamente baja, podríamos decir que de clase media, pero nunca ha favorecido el estudio, ni he tenido una figura directa que sirviese de inspiración para crecer y desarrollarme educativamente.

“No me enseñaban a aprender, ni a interesarme por cosas; me enseñaban a memorizar un párrafo para aprobar el examen.”

-¿Qué suponía para ti ir al colegio y cómo viviste el paso de primaria a la ESO?

Ir al colegio suponía diversión, me lo pasaba muy bien porque aprendía cosas y me encantaba que eso fuera así. En primaria todo me resultaba muy fácil y todo lo que a los otros niños les costaba trabajo o les aburría porque no lo entendían, yo lo entendía muy rápido y eso me encantaba. Siempre he sido muy competitivo y me ha gustado saber más que los otros y ser el más rápido, eso me motivaba. Incluso me hicieron unas pruebas de inteligencia con las que me pasaron de curso, de segundo a tercero aunque a mí me resultaba todo igual de fácil. Cuando llegué a la clase nueva, todo me parecía igual de sencillo, aunque toda la gente era desconocida y preferí volver a mi curso. Socialmente eso me desestabilizó bastante. El cambio de primaria a la ESO fue muy brutal porque en el instituto al que yo fui se torcieron muchísimo las cosas. Era otro hábitat: en quinto y sexto de primaria los niños tenían picardía pero seguían siendo niños; sin embargo, en el instituto ya había delincuencia, ya había gente que bregaba con porros, robaban, agredían… Yo, gracias a dios, he tenido la suerte de que nunca me han agredido porque en cierta forma supe adaptarme y no he tenido ese problema. Había gente muy conflictiva y allí fue donde comencé a torcerme y a perder la motivación por estudiar, todo eran agresiones a los profesores, a los compañeros y empecé  a reproducir esos comportamientos. Siempre estaba expulsado del centro.

-Aun así, tus padres decidieron cambiarte a un colegio concertado en el que creyeron que el entorno iba a ser favorable para tu desarrollo pero no fue como esperaban.

Efectivamente, cuando mis padres tomaron esa decisión ya era demasiado tarde, pasé dos años en el primer instituto. Empezaba en un nuevo colegio repitiendo curso, donde se suponía que el ambiente no era conflictivo aunque yo ya era salvaje. Era el mono de feria, al que todos miraban y era imposible adaptarse a eso. Todo el mundo tenía miedo al salvaje, me costaba mucho hacer las cosas y tener amigos. Ante el rechazo social mi forma de actuar fue volver a lo mismo: llamar la atención, insultar, liarla pardísima… Lo que en mi anterior instituto era una trastada, en este colegio resultó una expulsión definitiva y mi abandono de la enseñanza secundaria.

 

Era el mono de feria, al que todos miraban y era imposible adaptarse a eso. Todo el mundo tenía miedo al salvaje, me costaba mucho hacer las cosas y tener amigos.”

-La tasa de abandono escolar temprana en Andalucía se situó en 2016 en torno al 24%. ¿A qué crees que puede deberse desde tu perspectiva? Los principales motivos por los que yo creo que se abandonan los estudios son: la falta de motivación por parte del sistema educativo (falta de vocación de la docencia, métodos antiguos…) y la desinformación. Me explico, si a ti te encantaría ser astronauta pero nadie te dice lo que hace un astronauta o cómo llegar a ser astronauta, nunca vas a tener ganas de ser astronauta; vas a tener ganas de ser peluquero, esteticista, tatuador… Yo estoy viviendo eso ahora otra vez con mi hermana pequeña que está a punto de finalizar sus estudios de la ESO. Le planteé hacer el bachillerato y decidió ir a hablar con la orientadora de su centro y le negaron información que necesitaba. ¿Por qué hay esta desinformación en los centros? No lo entiendo.

-A pesar de dejar la enseñanza obligatoria con 15 años, conseguiste aprobar la ESO con 18 años y por tu cuenta. ¿Qué te motivó a intentarlo y qué sentiste al aprobar con tan buena nota? ¿Lo preparaste tú solo en casa? Cuando dejé el instituto sabía que la ESO me la iba a sacar sí o sí, que solo era cuestión de tiempo, que cuando llegara el momento iba a decir “ahora me la saco”. Más que motivación fue el saber que era una cosa me hacía falta y sabía que tarde o temprano llegaría el momento, llegó el momento y lo hice. Aprobé con la mejor nota y solo estudié la noche de antes y esa misma mañana dos horas antes del examen (se refiere a los Exámenes de las Pruebas Libres del Graduado en ESO). Ya está. (Ríe) Así fue.

-Lo que nos lleva a pensar que hay algo que está fallando cuando alguien que deja los estudios con 15 años es capaz de sacarse el graduado en ESO estudiando una noche.

Los jóvenes españoles no son tontos, no es una cuestión de falta de capacidad. Creo que es falta de motivación y desinformación, como he dicho antes. Si tú no crees en ti mismo y no sabes de lo que eres capaz y nada te motiva a hacerlo, nunca sabes cuáles son tus capacidades porque nunca las has probado.

 

“Los jóvenes de españoles no son tontos, no es una cuestión de falta de capacidad. Creo que es falta de motivación y desinformación.”

-Después de la ESO, te lanzaste a por el Bachillerato dispuesto a cursarlo en un centro educativo de nuevo. ¿Qué pasó?

Lo que pasó al comenzar bachillerato, en primer lugar, fue que tenía una innegable mala base tanto de matemáticas como de un montón de cosas que yo no había dado porque me quedé en segundo de la ESO. Además, los profesores y el centro, ante mis escasos recursos, me negaron cualquier tipo de ayuda. Pregunté si me podían prestar los libros, si podían hacerme fotocopias de los temas, lo que fuera… y me dijeron que no. Después de una intensa batalla, conseguí que una profesora me prestara el libro de inglés hasta final de curso, pero tenía otras siete asignaturas. Como comprenderás sin libros ni material, no estudias, te vas a trabajar. Y eso es lo que hice: me fui a trabajar de camarero.

-¿Eres consciente de que en Andalucía hay un sistema de becas para Bachillerato?

Soy consciente de que hay becas pero nadie me informó de eso en su momento ni nadie me quiso informar ni siquiera cuando empecé el curso. Me hablaron de becas pero para el siguiente año, ya se había pasado el plazo y ya no podía solicitarla. ¿Qué iba a hacer? ¿Perder un año esperando a una beca? Me puse a trabajar y dejé los estudios.

-Sin embargo, nunca volviste a intentarlo. ¿Por qué?

Porque perdí la motivación. Mi padre una vez me dijo: “Tú, hijo mío, sácate lo que tengas que sacarte pronto y ponte a trabajar porque tu padre no tiene dinero para pagarte una carrera y tú no vas a estudiar una carrera nunca si no eres capaz de pagártela tú.” Como sé que yo nunca voy a poder pagar los gastos de estudiar una carrera, ni tengo tanto tiempo como para perderlo, pensé que el bachillerato no era la mejor opción porque era el paso anterior a estudiar una carrera o un ciclo superior. Preferí la formación profesional.

“Ahora entiendo un poco mejor cómo va el sistema, mis aspiraciones son llegar a ser funcionario de la seguridad privada, estudiar unas oposiciones y poder trabajar de esto.”

-¿Cuáles eran tus sueños para el futuro cuando eras pequeño y cuáles son tus sueños ahora?

Es una buena pregunta. Cuando estaba en primaria, con seis o siete años, en una dinámica que hicimos en clase, la profesora nos preguntó que qué queríamos ser de mayores; todos respondían lo normal: médico, abogado, científica, etc. Yo respondí que quería ser vagabundo y ella me preguntó: “¿Cómo que vagabundo? ¿Vagabundo de viajar mucho?” Le dije que no, que vagabundo de vivir en la calle. Me preguntó por qué y le respondí “porque la vida es una mierda”. Eso te lo dice una personita de seis años, hablándote como un adulto y bueno… ya daba el cante desde pequeño. Esas eran mis aspiraciones de niño, no sé qué me llevaba a pensar así, imagino que siempre me ha preocupado mucho lo social y la injusticia: el machismo, el hambre, la desigualdad, etc.

Ahora entiendo un poco mejor cómo va el sistema, mis aspiraciones son llegar a ser funcionario de la seguridad privada, estudiar unas oposiciones y poder trabajar de esto. Esa es mi  meta a corto y largo plazo ahora mismo.

-¿Quieres aprovechar antes de terminar para decir algo más?

Sí. Me gustaría decirle a todo el mundo que, por favor, si tienen hijos los motiven para estudiar y para ser lo que quieran ser. Que si quieren ser cantantes, que les den un saxofón y no les digan que no, si quieren ser programadores de videojuegos que les den una playstation y si quieren ser boxeadores/as que les regalen unos guantes. Hay que darles alas y son los padres los que tienen el poder para hacer que los hijos crezcan y sean algo mañana.

“Hay que darles alas y son los padres los que tienen el poder para hacer que los hijos crezcan y sean algo mañana.”